Comer en Viveiro por Fausto Galdo |
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Estimado
Internauta: Te
estás planteando un viaje a Viveiro, quieres recorrer las calles del
“casco viejo”, estrechas y empinadas, algunas de las cuales aún
conservan en el lenguaje popular los nombres primitivos inspirados por
su trazado dentro de las murallas o por los gremios que las habitaron
como la calle de Abajo o del comercio, la de la Zapatería hoy con
tascas, la Pescadería con la plaza de Abastos bien nutrida de
apetitosos productos, la calle del Sol que sale de a Porta da Vila, la
Travesía y el Relleno recuerdan los primeros robos al mar que hoy hemos
alejado demasiado del viejo Puente con la puerta del mar, que desde los
tiempos de su titular Carlos I recibe
a nuestros visitantes. Estoy
seguro que de historia y
monumentos escribirán otros colaboradores de este página electrónica
por lo cual yo quiero ser algo más prosaico y tratar de acercarte a la
gastronomía local, a sugerirte aquello que puedas comer, a las múltiples
y delicadas excelencias de la mar y de la huerta que se hacen manjares
en las cocinas de restaurantes y tascas, en las panaderías y confiterías,
sin olvidar los obradoiros de los conventos, que en esto como en otras
muchas cosas Viveiro, sin perder la tradición gana en exquisitez. ¡Buen
provecho!. Como en toda Galicia los meses con “r” el marisco está en sazón y
como primera recomendación voy a sugerirte unas “Navallas”. La
navalla es una especie de almeja ovalada, la coquina o cadelucha, una
especialidad de los arenales, hoy perdida en la Ría, pero que sigue
viniendo de las vecinas, que es Viveiro su mejor mercado. La preparación
habitual “navallas a lame-lame” es sencilla: bien limpias las
navallas se colocan en una tartera mientras se pocha una cebolla muy
picada, a la que una vez lejos del fuego, se suma una cucharada de buen
pimentón dulce y dos clavos de olor y se reserva, entonces la tartera
se pone al fuego y cuando las navallas se abren se les agrega abundante
perejil picado, la cebolla pochada con las especias y un vaso de vino
blanco, mejor Albariño, se corrige de sal y se remueve sujetando la
tartera por las asas para que las almejillas no desconchen, dos
cucharadas de pan rallado, un solo hervor y a servir, que esta delicia
se come a mano. El rey de las rocas es sin duda el Percebe, escaso, corto y fuerte como
el pulgar de un carpintero de ribera, es tan duro de alcanzar que mejor
no discutas el precio, antes entérate en que condiciones se capturan.
Dado que no es manjar habitual mejor pide que te expliquen como se
comen, como se separa la uña, y así disfrutarás a tope de un placer
salvaje del Cantábrico lugués. No dejes de probar los lubrigantes azul cobalto de grandes bocas, apresúrate
que ya no quedan muchos, y las langostas rojas, nietas de aquellas que
alababa Cunqueiro como las mejores del mundo, que le parecían más
finas que las “demoiselles de Caén”, las mas apreciada de Francia,
y también ... las nécoras, los santiaguiños, las centollas, las
cigalas, los camarones, que la Naturaleza es sabia y las vedas se van
rotando a lo largo de todo el año. No sé si sabes que en nuestro puerto, en Celeiro entra la mayor y mejor
“Merluza do Pincho” de toda la península, la que se pesca a
anzuelo, la mas fresca, la mas cotizada, la de la carne mas prieta que
se desconcha, porque no se golpea contra la red, esta “pescada” como
se le llama aquí se merece un homenaje:
bien sea frita a la romana con todo el arte-ciencia preciso, un
punto complicado de adquirir que solo lo dan los años y la experiencia;
a la gallega con ajada y pimentón; en blanco simplemente hervida con
patatas para disfrutarla con Mahonesa, - con “h” de Mahón que esta
salsa es anterior a la invasión de los franceses como demostró don
Camilo el del premio o en
Salpicón, una especialidad de esta zona:
Merluza hervida en caldo corto, con rodajas de patatas y una
salsa hecha a base de pimiento verde y rojo muy picaditos, un poco de
cebolla blanca, puerro y cebollino, mucho perejil, un buen aceite y un
vinagre de recibo, toda un delicia. Prueba las
patatas y disfruta que aquí se plantaron de las primeras de España
en la parroquia de Bravos, ya en 1763 el párroco reclamaba el diezmo de
las patatas, impuesto que ya recibían sus antecesores hacía mas de
cien años. Es esta tierra la del Bonito y aunque vengas fuera de temporada pídelo
que siempre se guarda algo para sorprender al visitante con “Bonito en rollo”, quintaesencia barroca del saber popular que cada
casa tiene su fórmula. La mía puede ser: picar a cuchillo el
pescado en crudo, muy menudo y mezclar con pimiento morrón, huevo duro
y jamón, hacer una amalgama con huevo crudo, rebozar en harina y
apretar haciendo un “rollo” que se dora en aceite y se guisa en un
caldo de carne, con el clásico hueso del jamón y una copita de buen
brandy. Se sirve caliente con la salsa o en frío, como fiambre. Desde San Juan hasta Nadal tenemos sardinas, ya en el siglo XIX eran
famosas las “sardinas do pío” saladas en salmuera y los chicharros
lañados y curados al oreo, ya lo cuenta
“Camilo de Cela” seudónimo tras el que se escondía don
Modesto Fernández y González (1838-1897) jefe de hacienda en Madrid,
orensano de pro y “Cocinero mayor de Galicia” uno de los hombres que
peleó para que se reconociese las singularidades de la gastronomía de
esta irredenta Terra. Como muchos, prefería
la exquisitez del “peixe miúdo”,
los pequeños pescados azules, injustamente olvidados. Es muy
posible que no supiese de la abundancia del Sanmartiño uno de los reyes
de la ría llamado en otras
latitudes Pez de San Pedro, muy recomendable para un guiso marinero,
todo un manjar. No se pueden marchar sin probar los calamares de la Ría en su tinta con
arroz blanco o mejor con patatas cocidas en blanco, en el punto de
encuentro la patata absorbe parte de la negra salsa y una vez en la boca
se deshace soltándola, una sensación indescriptible en el paladar. Los
calamares pequeños o chipirones que se pescan uno a uno con potera se
doran en la sartén frescos, enteros y
sobre una cama de cebolla como solo es posible disfrutar a la
orilla de la mar. ¡No se los pierda!
El pulpo es muy abundante y está delicioso mazado y cocido en
blanco con una salsa vinagreta,
absolutamente distinto a las modas habituales, guisado o en la clásica
“feira”, mas típico del interior. Aquí como en toda Galicia es proverbial la carne asada, en especial los
xarretes, muy cerca de Viveiro en La Gañidoira pastan “vacas
mostrencas” criadas en libertad, una vaca cornilarga que se deja
pastar y constituye uno de los manjares mas sorprendentes, no les
prometo nada pero pregunta si es que tienen carne de las vacas del
monte. Sigamos con los pollos y las gallinas que con las ahovadas se
preparan legendarias pepitorias. Esta es tierra de conejos guisados,
asados o en salsa de perdiz, de
cabritos asados y de cerdo a mil maneras, ya saben aquello de que
preguntado uno de nuestros paisanos por cual es su ave favorita contesta
rotundo : ¡Sí o porco voara!. Para todo hay que tener mano y más en la cocina, cuenta Ramón Canosa en
<Historia menuda de un pueblo gallego>, la de Viveiro
naturalmente, tomado en plan de solfa, como la señora Concha la
cocinera de Castelar nativa de Covas influyó en la política española
con sus guisos, que hacían la vida más grata y engrandecían la
elocuencia del prócer. En este un pueblo nos sentimos orgullosos de las buenas cocineras, la
gente presume de hacer la mejor de las empanadas unas de masa fina,
otras gramadas y otras hojaldradas que aquí le decimos “pastelón”,
en cada fiesta se compite al llevar la empanada al horno de leña, todas
al mismo tiempo, todas con las iniciales de la familia relucientes sobre
la corteza, pintadas de aceite y huevo para que brillen. ¡Si! pero...
¿empanada de qué? , de todo que aquí como buenos gallegos lo
empanamos todo: pescados, marisco, cerdo, aves, verduras ... disfrútelas
En
primavera y casi en todo el año, quesos mil, Dionisio Pérez, el
inventor de los Paradores de turismo editó en 1929 la clásica <Guía
del buen comer español> destacando en esta comarca el “Queixo de
San Pantaleón” de la parroquia de Cabanas, son quesos de vaca,
blancos y blandos, ligeramente ojosos, sabrosos y con la monda un poco
amarillenta, un queso fresco inigualable, aproveche que no se exporta.
La
tradición de nuestras tartas empieza por la humilde “torta de roxós”,
los chicharrones del cerdo en una masa dulce con nueces y pasas y sigue
con “tarta de Viveiro” un molde de hojaldre contiene sucesivos pisos
de almendra con huevo y azúcar, bizcocho y cabello de ángel, envuelta
en azúcar y coronada por cerezas escarchadas, centradas por un higo.
Colinetas y almendrados de las monjas y tantas maravillas de uso común
que este es pueblo de golosos. Quedan
en el tintero cientos de platos, pero creo que con estas sugerencias
tiene suficiente para un primer contacto. ¡Que le aproveche¡, páseselo
bien y vuelva, que aquí le recibiremos con los brazos abiertos.
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